Mi Filosofía de Inversión

Hola y bienvenid@ a Invirtiendo en Calidad,

Antes de ni siquiera plantearse una suscripción, considero importantísimo que los suscriptores tengan muy claro cuál es mi filosofía de inversión. Lo último que quiero es suscriptores que no estén del todo alineados con mi filosofía. Este desajuste entre filosofías de inversión puede llevar a un mal servicio y a que ambas partes estén descontentas.

En este artículo voy a explicar varios principios que guían la manera en la que invierto, aunque también puedes escuchar varios podcasts que he realizado en castellano donde creo que también se puede observar de manera evidente. Tienes todos en la pestaña ‘Sobre Nosotros.’

Sin más dilación, ¡empecemos!

1. La inversión a largo plazo como ventaja competitiva

Me considero un inversor a largo plazo. Esto significa que no me centro en el próximo trimestre, ni siquiera en el próximo año, sino en los próximos 5 años o incluso la próxima década. Creo que es la única forma de que un inversor coseche los frutos del llamado “compounding.” Dejo por aquí una de mis frases preferidas de la mano de Chuck Akre:

El compounding no se produce, ni puede producirse, en el transcurso de uno o dos años, ni siquiera de cinco. El compounding requiere décadas... Los mercados difíciles y las caídas de las cotizaciones no tienen por qué disfrutarse. Pero para disfrutar del compounding, deben soportarse.

Chuck Akre

Ganarle al mercado no es fácil, pero debemos hacer algo diferente si queremos tener al menos una oportunidad. Lo creamos o no, la inversión a largo plazo no es lo habitual en el mercado de valores. El periodo medio de tenencia de acciones (denominado holding period en inglés) se ha desplomado en las últimas décadas:

En décadas anteriores a los setenta, los inversores solían mantener las acciones una media de más de 3 años, pero este periodo de tenencia se sitúa ahora por debajo de 1 año. Esto significa que más que de inversores, el mercado está lleno de especuladores. Una tesis de inversión rara vez se ve afectada en el transcurso de un año (hay excepciones, por supuesto). Aquellos inversores que venden al cabo de 6 meses o 1 año por término medio deben de estar fijándose más en la evolución del precio de la acción que en el rendimiento de la empresa subyacente.

Por cierto, no estoy criticando este método. Al fin y al cabo este cortoplacismo nos beneficia como inversores a largo plazo. Si todo el mercado se centrase en el largo plazo, la volatilidad sería mucho más moderada y sería muy difícil encontrar ineficiencias en el mercado. Dicho de otro modo: la volatilidad creada por inversores cortoplacistas se traduce en oportunidad para los inversores a largo plazo.

Por supuesto, tengo que admitir que gran parte de los movimientos en los precios a corto plazo está impulsada por cambios fundamentales (quizá la ralentización del crecimiento). Aun así, creo que hay muchas ocasiones en las que el mercado considera que estos cambios fundamentales son permanentes en lugar de temporales, lo que crea oportunidades para aquellos inversores que conocen bien la empresa y pueden ver mucho más allá de un año.

Hemos resumido nuestras ideas sobre este tema en nuestro artículo ‘Nuestra ventaja como inversores particulares'.

2. Tiempo en el mercado > Timing del mercado

No creo en el denominado “market timing por varias razones. Mucha gente cree que adivinar lo que hará el mercado es sólo cuestión de predecir lo que ocurrirá en los próximos meses, pero están muy equivocados. Para tener éxito en el market timing, los especuladores deben saber qué va a pasar, cuándo va a pasar y cómo va a reaccionar el mercado ante ello. Estas predicciones no se tienen que hacer solo una vez si no de manera recurrente.

Saber qué ocurrirá ya es difícil de por sí debido a la gran cantidad de variables que entran en juego. Predecir cuándo ocurrirá también es muy complejo, porque hay que intentar predecir cuándo se moverán estas variables de la forma que uno espera. Dicho esto, lo más difícil con diferencia es prever cómo reaccionarán los mercados ante esta nueva información. Los precios en los mercados financieros se componen con la opinión de millones de personas, cada una de las cuales tiene su una opinión propia sobre los hechos presentados. Esto hace que sea casi imposible predecir la opinión consensuada de todas estas personas.

Hace poco más de un año tuvimos un claro ejemplo de ello. Mucha gente estaba comprando opciones put (se utilizan para “apostar” que baja el mercado) a medida que se acercaba la publicación del IPC de Estados Unidos. Estos especuladores esperaban que el IPC superara el 9% (frente al 8,6% previsto) y que el mercado descendiese bruscamente. Aunque estimaron bien el IPC (el IPC se situó en el 9,1%), el mercado reaccionó de forma bastante positiva y subió.

Por supuesto, la mayoría de estas personas no compartió cómo les fue con sus puts, pero supongo que no les fue bien esa semana. Lo más extraño de todo es que estas personas volverán a intentar adivinar el próximo movimiento del mercado con la misma confianza que tenían antes de fallar otras previsiones.

Mi solución para evitar el market timing es estar permanentemente invertido. Solo reconociendo que no tenemos una bola de cristal para predecir el futuro podremos cosechar los beneficios que ofrece el mercado a largo plazo.

3. Crear convicción a través de análisis profundo

La única forma de evitar vender nuestras acciones cuando los precios se desploman es mantener una firme convicción en los negocios a los que representan. Cuando los precios suben, los inversores tienden a considerar inexpugnables los fosos (también llamados moats) de sus empresas, y cuando bajan, tienden a considerar que se deterioran. Esto sucede por dos razones: la psicología humana y la falta de convicción real.

Si nuestra convicción en una empresa disminuye cuando cae el precio de su acción sin haber nueva información relevante sobre la empresa, probablemente necesitemos trabajar más en nuestra convicción. Por supuesto, con más investigación, podríamos llegar a la conclusión de que cometimos un error en primer lugar, y ese es precisamente el momento donde una venta estaría justificada. Sin embargo, un cambio en la convicción motivado por un cambio en el precio de la acción es casi siempre un indicador inequívoco de un proceso de análisis deficiente.

Sólo cuando conocemos muy bien una empresa somos capaces de ignorar las caídas de la cotización y centrarnos en lo que realmente importa: el rendimiento subyacente del negocio. Creo que la verdadera convicción necesita una gran información y eso es lo que trato de ofrecer en Invirtiendo en Calidad.

4. Poner mi dinero detrás de mis palabras

Sólo hay una forma de crear verdadera convicción: participar en el juego. Hablar de una empresa desde la barrera es fácil porque uno no está arriesgando nada. Además, te hace sentir más seguro de tu tesis y de tus conocimientos sobre la empresa.

¿Cuántas veces se ha afirmado con seguridad que la acción una empresa se “va a cero” sin que el mensajero estuviese invertido? Muchas. Si estuviesen tan seguros, uno pensaría que quieren beneficiarse de ello. Pero, por desgracia, en el mundo en que vivimos hay mucha gente que intenta parecer inteligente sin arriesgar nada.

Sólo poniendo dinero detrás de nuestras palabras seremos capaces de desarrollar una verdadera convicción y conseguiremos juzgar de manera seria los resultados de la empresa. Una vez que invertimos en una empresa, básicamente estamos dando nuestro dinero a la dirección, lo que naturalmente nos hace esforzarnos más por saber lo que poseemos y por qué lo poseemos. La verdadera convicción y la confianza se construyen con dinero real.

El dinero real también nos ayuda a aprender mucho más de nuestros errores porque son mucho más dolorosos. Desde el punto de vista de la rentabilidad, los mayores errores suelen producirse por omisión (no comprar una acción) más que por hacer una mala inversión. Sin embargo, desde el punto de vista del dolor, hacer una mala inversión duele mucho más porque ese dinero ya estaba en juego.

Yo invierto a título personal en todos las empresas en la que hago research y de esa forma, siento lo que tú sientes en caso de que tengas estas acciones en cartera. Dicho esto, quiero dejar claro que Invirtiendo en Calidad no es un servicio de recomendaciones de inversión si no un servicio de análisis. Tú serás responsable de lo que haces con tu dinero.

5. Durabilidad de las empresas de calidad

Creo que las empresas de calidad son más duraderas de lo que el mercado cree. La mayoría de los inversores valoran las empresas utilizando un modelo Descuento de Flujos de Caja (DCF por sus siglas en inglés) que va hasta 5 años o 10 años (en algunos casos).

Tras este periodo, estos inversores suelen reducir la tasa de crecimiento a una tasa terminal que ilustra el ritmo al que la empresa podrá crecer desde ese punto hasta el infinito. Las tasas terminales suelen ser inferiores a las tasas de crecimiento del PIB porque, de lo contrario, estaríamos dando a entender que estas empresas pueden hacerse más grandes que la economía, lo cual es, cuanto menos, poco realista.

Aunque este es un buen método para estimar el valor de una empresa, tiene dos inconvenientes principales:

  1. Supone que un inversor puede hacer previsiones a 5 o 10 años vista, lo cual es poco realista. Los analistas profesionales ni siquiera pueden predecir el próximo trimestre a pesar de la ayuda de la empresa.

  2. Supone que el crecimiento de una empresa disminuirá drásticamente al cabo de 5/10 años.

Es el segundo punto el que ayuda a las empresas de calidad a superar al resto. Las empresas que mantienen sus ventajas competitivas a lo largo de las décadas son realmente raras, pero cuando se encuentra una, casi seguro que el mercado está infravalorando su potencial porque está infravalorando su durabilidad. Trato este tema en mi artículo ‘¿Por qué a menudo se infravalora la calidad?’. Recomiendo su lectura.

6. Me centro en el negocio

El auge de las redes sociales, ordenadores en nuestras manos (smartphones) y el fácil acceso de los inversores particulares a las plataformas de inversión han creado una situación en la que el ruido del mercado domina a los negocios subyacentes. No me malinterpretéis, creo que el hecho de que ahora casi todo el mundo tenga acceso a la inversión es fantástico, pero cuando estos inversores dejan que el ruido se apodere de su estrategia de inversión empiezan los problemas.

Las empresas más grandes y consolidadas tienen noticias dedicadas varias veces al día. Esto crea una situación en la que los inversores reciben constantemente información actualizada sobre sus inversiones, lo que genera un ruido considerable. Seguramente hay alguna ‘señal’ entre este ruido, pero cuando uno se ve inundado de noticias cada hora, resulta complicado diferenciar ambas cosas.

Por eso preferimos centrarnos en el negocio y no hacer excesivo caso a las noticias que salen a diario. Poseo varias empresas que no son muy seguidas por la comunidad inversora (Copart, por ejemplo), por lo que no reciben noticias diarias (ni siquiera semanales). Esto me ayuda a centrarme más en lo importante al evitar hacer el filtro del "ruido".

Cuando leas rumores sobre tus empresas, probablemente lo que debas hacer es esperar a la resultados trimestrales o enviar un correo electrónico al departamento de relaciones con inversores, en lugar de actuar directamente en consecuencia. Recuerda siempre que nadie conoce tu empresa mejor que las personas con información privilegiada.

7. Comprar y verificar

Como me considero inversor a largo plazo, sigo una filosofía de comprar y mantener. Sin embargo, hay dos ramas dentro de esta estrategia.

Una es la filosofía de comprar y nunca vender, mediante la cual sus defensores compran empresas que consideran que tienen ventajas competitivas tan fuertes que los negocios acabarán haciéndolo bien a largo plazo porque los fosos son inexpugnables.

Aunque esto habría funcionado razonablemente bien para algunas empresas, estas empresas son escasas porque las ventajas competitivas son difíciles de mantener durante décadas. Siguiendo esta filosofía, muchos inversores no habrían visto cómo se deterioraban los fosos de muchas de sus acciones. El deterioro habría sido bastante evidente si estas empresas se hubieran examinado cada trimestre o cada año. Simplemente no podemos confiar en que las cosas duren para siempre. El mundo empresarial cambia constantemente, y las ventajas competitivas de mayoría de las empresas tienden a deteriorarse.

Por eso prefiero seguir una filosofía de comprar y verificar. Con esta filosofía, vigilamos de cerca nuestras empresas y sólo vendemos si la tesis ha cambiado o la capacidad de generar beneficios de la empresa se ha deteriorado de forma permanente. Esto nos permite ser propietarios de empresas a largo plazo. Al mismo tiempo, y a la inversa de la filosofía de comprar y nunca vender, nos ayuda a quedarnos sólo con las empresas que merecen nuestro capital.

8. No hago previsiones macroeconómicas

Ser inversores a largo plazo hace inevitable que suframos recesiones económicas durante nuestra carrera inversora. Ninguna economía pasa únicamente por periodos de expansión y los ciclos económicos son una certeza bien conocida. Sin embargo, a pesar de que las contracciones económicas son algo seguro, todo el mundo parece sorprenderse mucho cuando suceden y dedica mucho tiempo a intentar evitarlas.

Las previsiones macroeconómicas son extremadamente complejas. Buen ejemplo de ello debería ser el hecho de que ni siquiera los mejores economistas parecen llegar a un consenso a la hora de pronosticar la próxima recesión. Entran en juego miles de variables, ninguna de las cuales está bajo nuestro control, por lo que es una pérdida de tiempo intentar predecirlas. Este dato que encontré en un artículo de Nick Train es una buena confirmación de esto:

En los años 90, los economistas predijeron solo 2/60 recesiones que ocurrieron en el mundo un año antes de que ocurriesen.

¿El hecho de no predecir qué hará la economía significa que nuestras empresas no se verán afectadas por las recesiones? En absoluto. Las recesiones afectan a casi todas las empresas, pero es durante este periodo cuando las empresas de alta calidad bien financiadas amplían sus fosos. Es por este motivo por el que busco empresas resilientes. El primer requisito para componer capital es encontrar empresas que puedan sobrevivir los ciclos económicos y salir fortalecidas de ellos.

Por ejemplo, Constellation Software suministra software crítico para sus clientes (resiliente) y es capaz de aprovechar las valoraciones más bajas durante una recesión (beneficio). No creo que la empresa vaya a tener muchos problemas para sobrevivir una posible recesión.

Por otro lado, los ingresos de Adobe sufrieron bastante en la Gran Crisis Financiera de 2008, pero este evento incentivó a la empresa a cambiar su modelo de negocio a uno basado en suscripciones. A Adobe probablemente no le ayudaría una recesión si se produjera ahora mismo (aunque sería más resiliente que en 2008). Aun así, se beneficiaría sin duda desde el punto de vista de las fusiones y adquisiciones (precios más bajos) y desde el punto de vista competitivo (otros competidores podrían quebrar).

En definitiva, prefiero intentar prever cómo les iría a nuestras empresas en una recesión en lugar de cuándo y cómo llegará dicha recesión. Sinceramente, creo que invierto mucho mejor mi tiempo de esta manera.

Conclusión

Espero que este artículo te haya ayudado a comprender mi filosofía de inversión. Creo que esto es muy importante para que puedas juzgar si la tuya está alineada con la mía. Me gustaría terminar este artículo con la siguiente cita de François Rochon, de Giverny Capital:

Poseer grandes empresas, gestionadas por grandes personas y adquiridas a precios razonables es la receta ganadora. Lo demás no es más que ruido.

François Rochon

Por cierto, hace unos meses entrevisté a François Rochon. Dejo por aquí la entrevista por si quieres verla:

Disclaimer: la información aquí contenida se expone a título meramente informativo y no constituye una recomendación de inversión. Cada persona es responsable de hacer su propio análisis y de tomar sus propias decisiones de inversión.

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